El día que yo me rinda no será sólo un día. Será algo
insalvable. Me da curiosidad saber cómo
reaccionarías, si acaso reaccionarías, porque no te conozco. No te conozco
porque no te abres. No entiendo por qué no te abres. A todos nos han herido.
Todos hemos herido. Somos vulnerables por mucho que intentes esconderlo en tu
excusa de persona hermética. Las excusas son para cobardes. No sabes a lo que
te enfrentas. Si de verdad quisieras, serías libre. Pero prefieres ser esclavo
de tus pensamientos. Incluso prefieres no pensar. Admiro esa postura pues no la
concibo. En mi persona no tiene cabida no pensar sobre algo que me importa.
Sobre alguien que me importa. Sabes que te importo pero no puedes decirlo.
Porque eres mortal. Tienes miedo mortal, pero ¿a qué? No te entiendo. Creo que
nunca podré entenderte. Me consumes. No eres ese tipo de personas que hacen
daño con las palabras. Eres de las que hace daño al callarlas. O ganas tú o gano
yo. Sólo uno puede salir victorioso. El otro cederá. Perderá sus ideales y se
verá sublevado. Yo no te quiero cambiar. Simplemente hacerte ver que tu postura
no es la correcta. Algún día perderás la razón de ser y espero que te lamentes.
Ni en eso estoy segura. Me niego a aceptar una forma de ser que va en contra de
mi naturaleza. Igual somos de naturalezas distintas. ¿Lo nuestro es incestuoso?
Tal vez ese sea el problema. Tú me destruyes al no abrirte. Yo me resigno en mi
esperanza de que cambiarás tu forma de ver el mundo. A mí no me discutas sobre
que el amor no existe. El amor está más vivo que todos esos siete billones de
habitantes que nos preguntamos el cómo funciona. Estamos perdiendo el tiempo.
Tú necesitas aprender a expresarte. Yo necesito un hecho que me diga por qué seguimos
luchando. Vete a dormir con la cabeza tranquila. Lo hemos arreglado. Yo esta
noche no descansaré tampoco. Mañana me despertaré y te habré perdonado. Y seguiremos prolongando esta agonía

No hay comentarios:
Publicar un comentario