viernes, 16 de septiembre de 2016

Que gane el más fuerte



El día que yo me rinda no será sólo un día. Será algo insalvable. Me  da curiosidad saber cómo reaccionarías, si acaso reaccionarías, porque no te conozco. No te conozco porque no te abres. No entiendo por qué no te abres. A todos nos han herido. Todos hemos herido. Somos vulnerables por mucho que intentes esconderlo en tu excusa de persona hermética. Las excusas son para cobardes. No sabes a lo que te enfrentas. Si de verdad quisieras, serías libre. Pero prefieres ser esclavo de tus pensamientos. Incluso prefieres no pensar. Admiro esa postura pues no la concibo. En mi persona no tiene cabida no pensar sobre algo que me importa. Sobre alguien que me importa. Sabes que te importo pero no puedes decirlo. Porque eres mortal. Tienes miedo mortal, pero ¿a qué? No te entiendo. Creo que nunca podré entenderte. Me consumes. No eres ese tipo de personas que hacen daño con las palabras. Eres de las que hace daño al callarlas. O ganas tú o gano yo. Sólo uno puede salir victorioso. El otro cederá. Perderá sus ideales y se verá sublevado. Yo no te quiero cambiar. Simplemente hacerte ver que tu postura no es la correcta. Algún día perderás la razón de ser y espero que te lamentes. Ni en eso estoy segura. Me niego a aceptar una forma de ser que va en contra de mi naturaleza. Igual somos de naturalezas distintas. ¿Lo nuestro es incestuoso? Tal vez ese sea el problema. Tú me destruyes al no abrirte. Yo me resigno en mi esperanza de que cambiarás tu forma de ver el mundo. A mí no me discutas sobre que el amor no existe. El amor está más vivo que todos esos siete billones de habitantes que nos preguntamos el cómo funciona. Estamos perdiendo el tiempo. Tú necesitas aprender a expresarte. Yo necesito un hecho que me diga por qué seguimos luchando. Vete a dormir con la cabeza tranquila. Lo hemos arreglado. Yo esta noche no descansaré tampoco. Mañana me despertaré y te habré perdonado. Y seguiremos prolongando esta agonía

No hay comentarios:

Publicar un comentario