Ya has comprendido que en esto sólo
somos tú y yo. No necesitamos mediatizarnos. Las redes sociales hacen mucho
daño. El amor no tiene necesidad de exhibiciones. La gente lo monetiza a través
de su número de me gustas. Vendéis
vuestra historia esperando a cambio
comentarios del tipo “¡qué monos
sois, joder!”. Os gratifica. Ahí respiráis hondo. Parece que necesitéis
convicción.
Yo cuando quiero estoy
convencida. No necesito ni la opinión de mi más fiel amigo. Pero estos pueden
ser el principio de una duda. Imagino que sin quererlo, pero a veces abren
grietas que sólo puede cubrir una gran seguridad en ti mismo y en vuestra
historia.
Esa historia que ellos no ven, no
han vivido, pero de la que ya han opinado. Tú no eres yo. No sabes lo que esta
persona me transmite. Lo gratificante que es el simple hecho de tener una
conversación con ella. Lo profunda que se pone cuando habla de sus pensamientos.
La manera en la que te narra sus experiencias vividas. Sus gestos, cómo se le agrandan
los ojos. Vivo su suspense.
Que el físico vende lo tenemos
más que oído. Tanto que es asimilado por nuestro propio instinto. Es natural
que algo te entre por los ojos y para una noche pocos se ponen demasiado
exigentes. Pero del físico no vive una relación que aspira a larga duración. El
amor se basa en la química.
Te conocí y lo supe. Lo conocí y
lo supe. Los conoceré y lo sabré. Es la sensación que te recorre todo el
cuerpo, desde el estómago a la garganta, y te llena de placer. No un placer
físico, si no mental. Inquietante. Tu compañía me llena de satisfacción. Me
siento completo cuando estoy contigo, pues me transmites lo que muchos otros ni
siquiera conocen. De ti nunca es suficiente. Siempre quiero más.
Sería capaz de desarrollar
dependencia de tu presencia. Pero sólo por el hecho de que tu compañía me completa.
No te quiero poseer, quiero que me cultives. Contigo crecer. Llegar a conocerme
mejor. Descubrir versiones de mí que me sorprenderán.
Ellos no lo entienden. En eso se
basan en las primeras impresiones: en un físico. Es peligroso porque además lo
justificaran con unos: “Es muy vergonzosa.
Demasiado seria. No sé qué le habrás visto”. Quizás sea mucho más suave,
sólo una mirada con aire de rechazo. Pero sembrarás en mí una duda, aunque tal
vez no se manifieste en ese instante. La tragedia que comienza al preguntarse si no te estarás conformando...
Espero tener la suficiente
convicción como para saber que tú no la conoces. No has estado presente en
nuestras cenas en el oliver. La mirarás con rechazo cuando mire a la nada y se
ría. ¿Está acaso loca? Seguramente sí.
Lo hace porque ella sí que
recuerda. Recuerda aquel comentario que le dije viendo su película preferida y
cómo se ha convertido en uno de nuestros tantos clichés. Pero tú eso no lo
sabes. Lo desconoces. Eres ignorante de lo realmente importante. Lo que nos ha
formado. Es privado. Como nuestro amor, que no necesita de fotos de perfil
compartidas. De conocidos especuladores.
Sois la semilla de las rupturas. Espero
ser lo suficientemente fuerte para no haceros caso
