domingo, 9 de octubre de 2016

Cuidado con tu ambiente


Ya has comprendido que en esto sólo somos tú y yo. No necesitamos mediatizarnos. Las redes sociales hacen mucho daño. El amor no tiene necesidad de exhibiciones. La gente lo monetiza a través de su número de me gustas. Vendéis vuestra historia esperando a cambio  comentarios del tipo “¡qué monos sois, joder!”. Os gratifica. Ahí respiráis hondo. Parece que necesitéis convicción.
Yo cuando quiero estoy convencida. No necesito ni la opinión de mi más fiel amigo. Pero estos pueden ser el principio de una duda. Imagino que sin quererlo, pero a veces abren grietas que sólo puede cubrir una gran seguridad en ti mismo y en vuestra historia.
Esa historia que ellos no ven, no han vivido, pero de la que ya han opinado. Tú no eres yo. No sabes lo que esta persona me transmite. Lo gratificante que es el simple hecho de tener una conversación con ella. Lo profunda que se pone cuando habla de sus pensamientos. La manera en la que te narra sus experiencias vividas. Sus gestos, cómo se le agrandan los ojos. Vivo su suspense.
Que el físico vende lo tenemos más que oído. Tanto que es asimilado por nuestro propio instinto. Es natural que algo te entre por los ojos y para una noche pocos se ponen demasiado exigentes. Pero del físico no vive una relación que aspira a larga duración. El amor se basa en la química.
Te conocí y lo supe. Lo conocí y lo supe. Los conoceré y lo sabré. Es la sensación que te recorre todo el cuerpo, desde el estómago a la garganta, y te llena de placer. No un placer físico, si no mental. Inquietante. Tu compañía me llena de satisfacción. Me siento completo cuando estoy contigo, pues me transmites lo que muchos otros ni siquiera conocen. De ti nunca es suficiente. Siempre quiero más.
Sería capaz de desarrollar dependencia de tu presencia. Pero sólo por el hecho de que tu compañía me completa. No te quiero poseer, quiero que me cultives. Contigo crecer. Llegar a conocerme mejor. Descubrir versiones de mí que me sorprenderán.
Ellos no lo entienden. En eso se basan en las primeras impresiones: en un físico. Es peligroso porque además lo justificaran con unos: “Es muy vergonzosa. Demasiado seria. No sé qué le habrás visto”. Quizás sea mucho más suave, sólo una mirada con aire de rechazo. Pero sembrarás en mí una duda, aunque tal vez no se manifieste en ese instante. La tragedia que comienza al preguntarse si no te estarás conformando...
Espero tener la suficiente convicción como para saber que tú no la conoces. No has estado presente en nuestras cenas en el oliver. La mirarás con rechazo cuando mire a la nada y se ría. ¿Está acaso loca? Seguramente sí.
Lo hace porque ella sí que recuerda. Recuerda aquel comentario que le dije viendo su película preferida y cómo se ha convertido en uno de nuestros tantos clichés. Pero tú eso no lo sabes. Lo desconoces. Eres ignorante de lo realmente importante. Lo que nos ha formado. Es privado. Como nuestro amor, que no necesita de fotos de perfil compartidas. De conocidos especuladores.

Sois la semilla de las rupturas. Espero ser lo suficientemente fuerte para no haceros caso


No hay comentarios:

Publicar un comentario