Y entonces le dije que yo le quería como siempre. Es imposible no hacerlo. Pero que si él a mí también, no debía indagar en la profundidad de mi mirada. Le pedí que entendiera que nos lo han enseñado mal. Hay momentos en los que nos sentimos mal durante más de un momento y esto es totalmente razonable. Le dije que no lo engañaba cuando le decía que estaba bien, y por las noches lloraba. Que era parte del proceso de curación. Le pedí que estuviera tranquilo, que ganas no me faltaban, muchas menos cuando me acariciaba su barba. Pero la batalla era sólo mía y para encontrar la salida aún me quedaban demonios internos que combatir.
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