¿Qué tal? La pregunta más frecuente de nuestro día a día, yo la encuentro una absurda agonía. Te miento, porque es lo que quieres, lo cordial y correcto, y lo esperado es que te conteste un simple pero elegante “bien”. Pues bien, la verdad es que es mentira. Estoy en uno de esos momentos que se consideran el peor momento de tu vida. Habrá peores, es probable, pero nadie se acostumbra a vivir tanto tiempo lejos de lo agradable. No es que no tenga momentos de lucidez, los tengo, pero en el conjunto del día domina la embriaguez de la pesadilla. Si algo aprecio es lo único que no he perdido, la cordura, pues aunque todo este sufrimiento sea complicado me niego a unirme al bando de la locura. Si algún día lo hago no será por voluntad propia, quien me conoce sabe que soy de las personas que creen que con la sensatez no se negocia. Y es cierto, lo acepto, sé que ahora me toca estar así por un tiempo. Por eso lucho y me hiero, con todo momento bonito que me transporte a un buen recuerdo. Pero es por eso por lo que combato, me quiero, y sé que algún día recordaré todo esto como un señor reto. Porque el que no lucha no se levanta, y estar toda la vida arrastrándome por la grava del suelo me espanta. Estoy mal. No porque lo quiera sino porque a veces es lo que toca, y es normal. No sé cuándo estaré bien y nada puedo prometerte, pues recaer es frecuente, pero si algo sé seguro es que, si salgo, saldré más fuerte. Así que este es mi estoy bien, no te lo esperabas cuando una pregunta por cortesía formulabas pero la cortesía es de mediocres, a mí séme directo sino quieres que te malinterprete, y así no tengo porqué mentirte cuando el mal me apriete. Si no te interesa mi estado no estás cometiendo un gran pecado, aprende de mí, que no formulo esa pregunta porque sé lo que asusta y si me llevo bien contigo y si te tengo confianza, igual te abro mi abrigo antes de que te empiece a surgir esa pregunta por la panza. Porque si tú estás bien me alegro y lo alabo, pues sé que no es algo sencillo, ni a veces muy duradero. Por eso cuídalo e intenta mantenerlo y si quieres presume de ello aunque, quién sabe, quizás mañana estás tú en mi agujero
domingo, 16 de agosto de 2015
¿Qué tal estás?
¿Qué tal? La pregunta más frecuente de nuestro día a día, yo la encuentro una absurda agonía. Te miento, porque es lo que quieres, lo cordial y correcto, y lo esperado es que te conteste un simple pero elegante “bien”. Pues bien, la verdad es que es mentira. Estoy en uno de esos momentos que se consideran el peor momento de tu vida. Habrá peores, es probable, pero nadie se acostumbra a vivir tanto tiempo lejos de lo agradable. No es que no tenga momentos de lucidez, los tengo, pero en el conjunto del día domina la embriaguez de la pesadilla. Si algo aprecio es lo único que no he perdido, la cordura, pues aunque todo este sufrimiento sea complicado me niego a unirme al bando de la locura. Si algún día lo hago no será por voluntad propia, quien me conoce sabe que soy de las personas que creen que con la sensatez no se negocia. Y es cierto, lo acepto, sé que ahora me toca estar así por un tiempo. Por eso lucho y me hiero, con todo momento bonito que me transporte a un buen recuerdo. Pero es por eso por lo que combato, me quiero, y sé que algún día recordaré todo esto como un señor reto. Porque el que no lucha no se levanta, y estar toda la vida arrastrándome por la grava del suelo me espanta. Estoy mal. No porque lo quiera sino porque a veces es lo que toca, y es normal. No sé cuándo estaré bien y nada puedo prometerte, pues recaer es frecuente, pero si algo sé seguro es que, si salgo, saldré más fuerte. Así que este es mi estoy bien, no te lo esperabas cuando una pregunta por cortesía formulabas pero la cortesía es de mediocres, a mí séme directo sino quieres que te malinterprete, y así no tengo porqué mentirte cuando el mal me apriete. Si no te interesa mi estado no estás cometiendo un gran pecado, aprende de mí, que no formulo esa pregunta porque sé lo que asusta y si me llevo bien contigo y si te tengo confianza, igual te abro mi abrigo antes de que te empiece a surgir esa pregunta por la panza. Porque si tú estás bien me alegro y lo alabo, pues sé que no es algo sencillo, ni a veces muy duradero. Por eso cuídalo e intenta mantenerlo y si quieres presume de ello aunque, quién sabe, quizás mañana estás tú en mi agujero
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